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sábado, 4 de mayo de 2013

La Rana,y el Escorpión...

Hay quienes tienen la fea costumbre; y la poca virtud, de confundir las churras con las merinas:

Yo conozco a algunos, que son tan obcecados,y son tan dogmáticos; que cuando hablas con ellos, aunque sea sobre el tiempo; si el tiempo es malo, dicen que es culpa de España, "porque no permite que Cataluña sea independiente".

Sin ni siquiera dar nunca ningún argumento, que pueda convencer;

Hay uno sobre todo, (sobresale por su inquina)..un tal (F.B.B.). que se sale de lo normal.

Para el va este escrito. para que lo lea (se que me sigue en mi blogger): para que antes de decir tales barbaridades se informe,y que mires las cosas desde prismas distintos...

Los bulos del separatismo catalán

POR - REDACCIÓN BILBAO - PUBLICADO 30 ABRIL, 2011

Los separatismos se sustentan en cuatro pilares:


-Racismo: exaltación del territorio y de la raza por encima de los derechos y libertades individuales.


-Enemigo común: (España). Invención de un culpable o chivo expiatorio —una etnia, un país— de los males de la población, al que se deshumaniza y presenta como más incapaz, irracional, malvado. Fomento del odio para cohesionar al grupo.


-Victimismo: explotación ideológica de agravios —reales o imaginarios— para justificar las reivindicaciones secesionistas, los liberticidios y los estallidos de violencia.


-Manipulación informativa: adulteración del pasado y del presente. Construcción de una realidad ficiticia para engañar y dirigir a las masas, para afianzar los tres pilares anteriores. Sustitución de la historia por mitología, y del raciocinio por consignas y eslóganes. Recurso, habitual o esporádico, a métodos coercitivos para la homogeneización ideológica de la población. Eliminación —física o social, profesional y política— de toda disidencia del “pensamiento único”, institucionalizado como verdad irrefutable.


No es necesario remontarse mucho en la historia para reconocer idénticos mecanismos en la articulación de otro terrible fanatismo, sufrido durante el siglo XX. Adolf Hitler inventa el concepto de raza aria e invoca la reconstrucción de la Gran Alemania, que había quedado territorialmente cercenada por las potencias vencedoras en la Primera Guerra Mundial (nacionalismo). Señala al sionismo internacional como culpable en la sombra de las desgracias del pueblo alemán (enemigo común). Rentabiliza políticamente y alimenta la insatisfacción popular derivada de la confiscación de las colonias y del pago de onerosas compensaciones impuestas a Alemania, como responsable moral y material del conflicto, establecidos en el Tratado de Versalles el 28 de junio de 1919 (victimismo).


De la manipulación informativa se encargaría eficazmente quien luego fue su ministro de propaganda, el doctor Paul Joseph Goebbels, siniestro personaje con sobresalientes conocimientos de la psicología de masas, que desde su cargo ejerció un férreo control de los medios de comunicación, de la información saliente y de la entrante en el III Reich. Las enormes dotes de convicción de Goebbels estaban basadas en la apelación a la emotividad y a los instintos primarios del hombre (ira, orgullo, miedo, frustración, odio, etc.), en la exacerbación sistemática de éstos para manipular las voluntades.


Entre las mentiras más llamativas y difundidas por el nacionalismo catalán, se encuentran las siguientes:


1. El bulo de que la nación catalana fue invadida por Castilla en 1714.

2. El mito del héroe y mártir Rafael Casanova.

3. Perjuicios históricos ficticios a Cataluña.

4. El infundio de que Cataluña lleva siglos luchando por su independencia.

5. El bulo de que Franco prohibió el catalán.

6. La falacia del expolio fiscal.

7. La manipulación de las balanzas fiscales.

8. El mito del apoyo popular.

9. La artimaña del anticatalanismo.

10. El bulo del derecho a decidir.

11. El falso carácter democrático del nacionalismo.

12. La farsa de la ‘internacionalización del conflicto’.

13. El engaño del nuevo Estado dentro de la Unión Europea.

14. La quimera de El Dorado.


2. El mito del héroe y mártir Rafael Casanova


Del mismo modo que necesita de enemigos, el nacionalismo precisa también de idolillos para vertebrar su ideología. Y si no existen, se inventan.


El acto central de la celebración de la Diada (Día de Cataluña) cada 11 de septiembre, desde 1901, consiste en una ofrenda floral a los pies de la estatua erigida en Barcelona a Rafael Casanova, icono del nacionalismo por su lucha contra la supuesta invasión de 1714.


Fernando García de Cortázar, en su libro Los mitos de la historia de España; y otros autores, como John Lynch, en La España del siglo XVIII; Pere Anguera, en El 11 de septiembre. Orígenes y consolidación de la Diada; o Núria Sales, autora de Els segles de la decadència: segles XVI-XVIII; describen cómo la resistencia durante el asedio de Barcelona, colofón de la Guerra de Sucesión Española, no resultó tan heróica como algunos han querido pintar.


La vehemente beligerancia de pequeños grupos de exaltados que corrían por las calles de la bombardeada ciudad contrastaba con el sentimiento general de desmoralización del resto de la hambrienta población. El clero y la nobleza carecían de interés en prolongar tan dramática situación, y eran frecuentes las peleas entre los líderes barceloneses. En este contexto, Antonio de Villarroel y Rafael Casanova eran partidarios de la rendición, de una salida negociada. En el pleno del gobierno provisional éste último propuso iniciar conversaciones con el enemigo, pero su exposición fue enérgicamente rebatida por el segundo consejero, Salvador Feliu de la Penya, por cuya opción se decantaron 26 votos contra 4.


En la mañana de aquel 11 de septiembre los sitiadores desataron varios ataques durísimos, y Villarroel volvió a insistir en la conveniencia de rendirse para evitar un sanguinario asalto. Después del bando de Casanova de las tres de la tarde, se declaró un alto el fuego y enviados catalanes parlamentaron con el duque de Berwick, comandante de las tropas borbónicas. A la una de la tarde del día siguiente, el 12, se alcanzó un acuerdo: las autoridades barcelonesas abrirían las puertas de la ciudad para que entrase el ejército de Berwick, bajo su palabra de honor de que se respetaría a la población, aun a aquellos que habían tomado las armas.


Rafael Casanova no murió en los combates, por lo que, evidentemente, no fue ningún mártir. El día 11 había sido herido de levedad en un muslo por una bala cuando ascendió a las murallas con la bandera de la patrona de Barcelona, Santa Eulàlia, para enardecer a los defensores. Antes de la entrada de los felipistas, Casanova delegó la rendición en otro consejero, incendió los archivos que lo involucraban y se hizo pasar por muerto mediante la falsificación del acta de defunción de un cadáver. Disfrazado de fraile, huyó a esconderse en la finca que su hijo tenía en la población de Sant Boi de Llobregat. En 1719 recibió el perdón Real y todos sus bienes incautados le fueron devueltos. Ejerció sin problemas la abogacía en dicha población hasta su retiro, en 1737.


El 3 de mayo de 1743 falleció a la edad de 83 años.


4. El infundio de que Cataluña lleva siglos luchando por su independencia


Francesc Cambó (1876-1947), político y lider de la Lliga Regionalista —partido que muchos consideran germen de la actual Convergència i Unió—, escribió en su obra Memorias este retrato de los albores de nacionalismo catalán:


«En su conjunto, el catalanismo era una cosa mísera cuando, en la primavera de 1893, inicié en él mi actuación (…) Organizamos excursiones por los pueblos del Penedés y del Vallés, donde había algún catalanista aislado (…) no creo que hiciéramos grandes conquistas: los payeses que nos escuchaban no llegaban a tomarnos en serio (…) Aquél era un tiempo en el que el catalanismo tenía todo el carácter de una secta religiosa. Puede decirse que todos los catalanistas se conocían entre sí».


Corroboraría esta realidad el periodista y escritor Josep Pla (1897-1981), cuando reveló sobre aquella época:


«Los catalanistas eran muy pocos. Cuatro gatos. En cada comarca había aproximadamente un catalanista: era generalmente un hombre distinguido que tenía fama de chalado».


El político Enric Prat de la Riba (1870-1917), unos de los precursores del catalanismo e impulsor de diversas organizaciones y partidos, se lamentaba con estas escalofriantes palabras del escaso eco que su mensaje encontraba entre la población a finales del siglo XIX:


«Había que saber que éramos catalanes y que no éramos más que catalanes (…) Esta obra, esta segunda fase del proceso de nacionalización catalana, no la hizo el amor, como la primera, sino el odio».


No fue hasta comienzos del siglo XX cuando el nacionalismo catalán empezó a experimentar cierto auge político.


El 3 de mayo de 1743 falleció a la edad de 83 años.


5. El bulo de que Franco prohibió el catalán


«No es cierto que el catalán estuviera estuviera prohibido durante el franquismo. Lo que pasa es que no era oficial, se podía escribir en catalán y se podía publicar en catalán, pero no era oficial».


Con estas declaraciones, vertidas al diario El Mundo el 21 de diciembre de 2009 durante el transcurso de una extensaentrevista, la escritora catalana Mercedes Salisachs ha sido la última en corroborar públicamente lo que ya sabíamos los impermeabilizados a la intoxicación informativa actual, quienes hemos vivido en aquel periodo o leído sobre él. Más recientemente, en la edición de El Periódico del 16 de julio de 2010, y a la pregunta de por qué se había ido a Madrid a estudiar Derecho, el barcelonés Eduard Punset ofrecía la siguiente clarificadora respuesta:


«Mi padre me mandó a Madrid porque yo apenas hablaba castellano. Él era muy liberal, y era muy sabio. Sabía que no podíamos prosperar sin saber bien castellano».


Economista, escritor y, en los últimos años, conocidísimo divulgador científico, Punset nació el 9 de noviembre de 1936. El periodo al que se está refiriendo, por tanto, aquél en el que creció y se educó, es el franquismo.


Ésta es una cuestión de capital importancia para los separatistas, que basan su peculiar concepto de nación en la existencia de una lengua autóctona. En manos de ellos, no es la lengua herramienta de comunicación, sino arma política y factor identitario. Un distintivo étnico. Son nación, principalmente, porque tienen una lengua diferente. Y en consecuencia, todos los territorios donde se habla catalán —o dicen ellos que es catalán lo que se habla— les pertenecen como parte de su soñado imperio de los Países Catalanes (Valencia, Baleares, la franja oriental de Aragón, etc.).


La ingeniería social nacionalista ha considerado siempre de vital importancia desplazar el español de la sociedad catalana para precipitar la fractura de España. El bulo de la prohibición lingüística supuestamente padecida durante el franquismo es agravio que ahonda en el victimismo inherente a este movimiento ideológico. Pero que, sobre todo, le resulta impagablemente útil para justificar la imposición del catalán con medidas coercitivas. Claras violaciones de los derechos civiles y las libertades individuales, como la inmersión lingüística o el multado de rótulos comerciales, nos son cínicamente presentadas por los secesionistas como intentos legítimos de corregir cuarenta años de desventaja histórica frente al español por una supuesta prohibición durante la dictadura.


En la edición del 30 de marzo de 1969 (en pleno franquismo) del diario barcelonés La Vanguardia, encontramos la noticia sobre una sentencia del Tribunal Supremo por la que se condenaba al periodista Nestor Luján, director del semanario Destino, a una pena de ocho meses de prisión y 10.000 pesetas de multa por haber publicado en la secciónCartas al director de su número 1.577, correspondiente al 28 de octubre de 1967, la misiva de un lector titulada «El catalán se acaba». La sentencia del Supremo, que confirmaba en apelación una anterior del Tribunal de Orden Público, consideró probado que en dicha carta «se vertían conceptos de tipo ofensivo para la lengua catalana, cuyo libre uso particular y social se respeta y garantiza».


Sin salir de la hemeroteca de ese periódico, en la página 7 de su edición del 9 de junio del 19 de junio de 1952, puede observarse el anuncio de una editorial, Biblioteca Selecta, que oferta una colección de libros en catalán (El vent de garbí, de Josep Pla, Coses vistes, Bodegó amb peixos, L’illa dels castanyers, Pa i raIm, Un senyor de Barcelona,y El carrer estret, éste último Premio Joanot Martorell del año anterior).


El 24 de junio de 1960, La Vanguardia comunicaba la convocatoria del premio Sant Jordi de novela, a cuyo importe de 150.000 pesetas podían optar todas aquellas obras «inéditas y originales, escritas en lengua catalana, de una extensión no inferior a 250 hojas holandesas (21×27), mecanografiadas a doble interlínea y escritas por una sola cara, con un margen de 3 centímetros».


Y es que, durante el anterior régimen, la producción literaria en catalán no sólo no estuvo perseguida, sino que fue fecunda. La siguiente es una relación de galardones concedidos a escritores en dicha lengua:


En el panorama teatral también podemos comprobar cómo, por ejemplo, la sección de espectáculos de La Vanguardiadel 3 de junio de 1944, anuncia la representación de tres obras en catalán en el Palacio de la Música: La nena donada al blau, El ram de primavera y La Filoseta.


O que los ejemplares del 15 de febrero de 1952 de dicho periódico daban cuenta del estreno, a las diez y media, deL’alcoba vermella (de José María de Sagarra) en el Romea. Mismo teatro que programaba en su sesión infantil de la tarde otra obra, también en catalán, El rei que no reia.


Precisamente para los niños, en 1956, la empresa barcelonesa Hispano Americana de Ediciones, S.A. lanza la colección de tebeos en catalán Història i Llegenda (‘Historia y Leyenda’). Adaptaban historias populares de carácter fantástico-histórico y ambientación medieval recogidas por el escritor Joan Amades en su libro Les cent millors llegendes populars (‘Las cien mejores leyendas populares’) Cada ejemplar estaba ilustrado en blanco y negro a lo largo de sus 10 páginas. El tirà de Burriac (‘El tirano de Burriac’), La porta daurada (‘La puerta dorada’) y L’espasa de virtut (‘La espada de virtud’) fueron, por orden de aparición, los 3 primeros de un total de 28, que empezaron vendiéndose en los kioscos al precio de 1 peseta.


En 1961 la revista quincenal en catalán Cavall Fort con el objetivo de estimular la lectura en el público de entre 9 y 15 años de edad. Junto a historietas, cuentos y tiras cómicas, en la publicación se daban cita grandes nombres de la literatura catalana, como Salvador Espriu, Maria Aurèlia Capmany, o Montserrat Roig. Su editorial, Edicions 62, es la misma que en 1968 comenzará la publicación de la Gran Enciclopèdia Catalana. En los años sesenta salen a la venta en catalán las historias del célebre personaje creado por Goscinny y Uderzo: Astèrix el gal (‘Astérix el galo’), La falç d’or (‘La hoz de oro’) y Astèrix i els gots (‘Asterix y los godos’) son los primeros títulos de la saga. Y es a mediados de esa década cuando el periodista y escritor Joaquim Ventalló se encarga de traducir los cómics de Tintín dibujados por el belga Hergé; Tintín al país dels sòviets (‘Tintín en el país de los soviets’) inauguró esta colección en catalán.


El sector musical vio nacer, durante la década de 1950, el fenómeno de la Nova Cançó(‘Nueva Canción’) con autores que graban una extensa discografía en catalán, como Lluís Llach, Quico Pi de la Serra, Guillermina Motta, Ovidi Montllor, La Trinca, Núria Feliu y Joan Manuel Serrat; Maria del Mar Bonet en mallorquín; y Raimon en valenciano. En septiembre de 1963, una todavía desconocida cantante que comenzaba, Salomé, ganó el 5º Festival de la Canción Mediterránea (como recoge la noticia de La Vanguardia, del 24 de septiembre de 1963), celebrado en Barcelona, con la melodía en catalán Se’n va anar(‘Se fue’), que compusieron dos autores provenientes de la Nova Cançó: Lleó Borrell y Josep Maria Andreu (vídeo 1).


Poco tiempo después, en las navidades de 1964, el Ministerio de Información y Turismo promovió una macrocampaña propagandística para conmemorar los veinticinco años de paz en España desde el final de la Guerra Civil. Enormes carteles fueron instalados por toda la geografía nacional en español, catalán y vascuence.


Para concluir, en una de las tomas del NO-DO (vídeo 2) sobre la visita que Franco realizó a Cataluña en 1962, con motivo de las terribles inundaciones provocadas en la comarca del Vallés por el desbordamiento del río Ripoll, el 25 de septiembre, y que causaron un millar de muertos así como cuantiosos daños materiales, puede observarse una pancarta de bienvenida a Barcelona con el siguiente texto, en español y catalán: «Viva Cataluña. Visca Espanya».

6. La falacia del expolio fiscal


Entre quienes mejor han desmontado este embuste, agitado hasta la saciedad por el separatismo para exasperar a las masas (pocas cosas duelen más que el bolsillo, y más en tiempos de crisis), se halla el ex diputado autonómico Antonio Robles, mediante un certero artículo publicado en Libertad Digital el 4 de noviembre de 2010 precisamente bajo el titulo de «El expolio fiscal»:


«Esta murga del expolio fiscal comienza a ser trasversal. El soberanismo independentista le llama así, “expolio fiscal”, y cuando se ponen literarios, o se exceden en el análisis intelectual, añaden eso de “España nos roba”. […] Partamos de una constatación: los territorios no pagan impuestos, los pagan los ciudadanos. No es verdad que un ciudadano catalán pague más que un madrileño o un extremeño. Quien gana 35.000 euros en Barcelona paga los mismos impuestos que quien los gana en Badajoz. Es evidente que allí donde hay más personas con mayor renta, el conjunto de sus cotizaciones es mayor que allí donde hay menos. En el ejemplo anterior, es evidente que en Barcelona la cotización al Fisco es mayor que en Badajoz. Una evidencia puramente estadística de la que no se puede extraer jerarquía o tratamiento ventajoso per se.


»La progresividad fiscal y la redistribución de la recaudación del Tesoro público son las formas civilizadas que tienen las Estados sociales y democráticos de derecho de construir sociedades justas sin necesidad de hacer revoluciones sangrientas.


»Sería profundamente injusto e inviable para la igualdad de oportunidades y la cohesión social en un Estado moderno, que los impuestos que se generan en un territorio determinado se invirtieran íntegramente en él. Así sería imposible tener una red de carreteras, sanidad y educación universal para todos, por ejemplo.


»Si el criterio de que quien paga más debe recibir más, o la totalidad de la cantidad recaudada, como sostienen los soberanistas, Barcelona querría controlar sus aportaciones al Fisco frente a Lérida. En Barcelona habría buenos servicios, pero no en cientos de pueblos de la Cataluña interior. Claro que si fuese así, el barrio de Pedralbes (con renta per cápita muy elevada) exigiría gestionar sus impuestos, todos sus impuestos. Es posible que ese atajo de soberanía fiscal logrado por Pedralbes le permitiese tener aceras de mármol de Carrara pero en Nou Barris no tendrían ni alcantarillado público. Pero puestos así, el más rico de Pedralbes se acogería al expolio fiscal y a su estatus de colonia y exigiría gestionar sus impuestos; es decir, no pagaría un euro.


»Este argumento llevado al límite, desenmascara la impostura del soberanismo fiscal. Y es que lo que no pueden disfrutar todos los ciudadanos no es un derecho, sino un privilegio».


Una vez aclarado que expolio fiscal sería que los catalanes pagasen un tipo impositivo más alto que los ciudadanos del resto de España, lo cual obviamente no sucede, queda sólo hablar de déficit fiscal. Y Cataluña tiene déficit fiscal debido a su superávit comercial. En otras palabras, en ella se recauda más porque es más rica, y lo es en la medida en que las demás comunidades le compran más que al resto. Si no fuera porque los consumidores españoles adquieren sus bienes y servicios en lugar de los producidos por las otras regiones de España, Cataluña sería comercialmente deficitaria y pasaría a depender de la solidaridad territorial.


7. La manipulación de las balanzas fiscales


En todos los países existen regiones, departamentos, provincias o cantones que realizan al erario público una mayor contribución fiscal que otros en función de su grado de desarrollo económico. Desarrollo que, muchas veces, no ha sido producto de otra cosa que de cuantiosas inversiones públicas en infraestructuras durante el pasado. Y en todos se hace imprescindible que rija el principio de solidaridad interterritorial en aras del bien común. A la luz de los datos publicados en 2007, Madrid aporta al Estado más del doble que Cataluña, a la cual siguen la Comunidad Valenciana y Baleares en el ranking de las comunidades con balanza negativa, es decir, que dan a la Administración Central más de lo que de ésta reciben. Y no se quejan ni ejercen victimismo alguno.


Pero, pese a la publicación de las balanzas fiscales, no se puede determinar objetivamente la cuantía exacta de estos supuestos desequilibrios, y menos si no es en conjunción con las balanzas comerciales, pues entran en juego muchos factores del presente y del pasado. Alberto Recarte desmontó las mentiras nacionalistas sobre fiscalidad a lo largo de un exhaustivo estudio publicado en La Ilustración Liberal, y cuyas conclusiones reprodujo en dos artículos paraLibertad Digital a principios de 2004:


«Las balanzas fiscales entre las autonomías españolas son imposibles de realizar. No existe información suficiente sobre los ingresos fiscales y los gastos presupuestarios, a nivel autonómico, y cualquier intento de atribución que se haga no tiene suficientes bases en que apoyarse. Pero incluso si pudiera hacerse, sería erróneo obtener conclusiones en un sentido u otro, porque sólo tendría sentido comparar las balanzas fiscales acumuladas a lo largo de periodos muy extensos, en los que se hayan puesto de manifiesto diferentes políticas de gasto público, que en unos casos pueden haber servido para construir infraestructuras en una región determinada, para impulsar y subvencionar determinadas actividades económicas en otras, para hacer un esfuerzo educativo de investigación en una tercera, a través, por ejemplo, de la creación de institutos científicos y universidades o para incentivar la exportación, como ocurrió durante más de veinte años, hasta principios de los ochenta, a través de incentivos fiscales que se dejaron sentir en unas regiones más que en otras.


»Las infraestructuras que han permitido el desarrollo de la España moderna, se han hecho desde finales de los cincuenta, por el estado, a través directamente de los presupuestos públicos o por empresas públicas hoy privatizadas. Esos enormes esfuerzos presupuestarios se centraron en Madrid, Cataluña y el País Vasco, y los pagaron los impuestos de todos los españoles. Eso y otros muchos gastos centrados en estas tres autonomías durante decenios también tienen que tenerse en cuenta por las autonomías ricas cuando hacen cuentas de lo caro que les resulta el resto de los españoles. Con la sola excepción de Baleares, una de las autonomías que más aporta y que históricamente menos ha recibido». («Agravios fiscales imaginarios». Libertad Digital, 08-01-2004).


«En España, los impuestos se pagan en proporción a la renta personal, con la excepción de lo que representan los pagos adicionales por progresividad en sucesiones, donaciones, patrimonio e IRPF, que quizá pudieran valorarse, en conjunto, en torno a 6.500 millones de euros. La proporcionalidad se mantiene para los pagos por IVA, ligados al gasto. En el caso del impuesto sobre sociedades es imposible saber dónde —dentro del territorio nacional— se ha generado el beneficio. Lo que no permite saber a qué autonomía habría que adscribir esos ingresos fiscales. El gasto público, en cambio, tiene como criterio básico el del número de habitantes, con algunas correcciones a las que hemos hecho referencia.


»El conjunto, manejado tal y como lo hacen los nacionalistas catalanes y el PSC, y, por extensión, el PSOE, reflejaría —en el caso de que pudieran hacerse balances fiscales— una transferencia de recursos fiscales de las autonomías ricas a las más pobres, que sería, sin embargo, mucho más importante en el caso de Madrid que en el de Cataluña. Ello es así porque Madrid tiene una renta media mucho más alta, al menos un 10% superior a la catalana. Pero estamos hablando de cuantías muy reducidas, que habría que matizar. La primera sería valorar el coste histórico, reflejado en parte en la deuda pública estatal, de las otras políticas económicas nacionales para los habitantes de cada autonomía, que han pagado los menos favorecidos y que ha supuesto una transferencia de todo tipo de recursos, no sólo fiscales, de los que históricamente vivieron en las autonomías pobres a los de las más ricas. Aunque en la actualidad son pocas las políticas nacionales que pueden favorecer a unos sectores sobre otros, alguna sigue habiendo. Quizá la más importante sea la de promoción de I+D+i, que beneficia, por su propia naturaleza, a autonomías como las de Madrid y Cataluña, o las masivas compras de medicamentos por la sanidad pública, que favorecen claramente a las empresas farmacéuticas establecidas en Cataluña. Pero hay otras, como el Plan Hidrológico Nacional, que beneficia a los habitantes de Aragón, Cataluña, Valencia, Murcia y Andalucía.


»En lo que respecta a grandes inversiones, que pueden aparecer contablemente como gasto presupuestario, nos hemos referido a las inversiones en los distintos AVE y la ampliación de los aeropuertos de Madrid y Barcelona. En cuanto a políticas de gasto, hemos hecho una consideración sobre el mantenimiento del ente RTVE. Aún más importante, cuantitativa y cualitativamente, es el déficit de la seguridad social agraria y a quién atribuirlo, y qué efecto tendría una adecuada contabilización de los gastos por desempleo. Asimismo, son muy dificiles de contabilizar las obligaciones futuras por pensiones públicas, las cuales, si se capitalizaran, podrían suponer el 200% del PIB. Pero, frente a operaciones imposibles, una que habría que hacer, si fuéramos a llevar a cabo con rigor balanzas fiscales autonómicas en las que se recogiera todo lo relevante, sería cómo repartir los 312.000 millones de euros de deuda de la administración central.


»La dificultad, mejor, si somos rigurosos, la imposibilidad de llevar a cabo estas operaciones es la mejor demostración de que toda la discusión sobre balanzas y transferencias fiscales entre autonomías es un disparate. Y lo es porque España es una nación desde hace mucho siglos y las decisiones políticas, con repercusiones económicas y fiscales, se han tomado por los sucesivos gobiernos nacionales con criterios nacionales, aun a sabiendas de que en algunas ocasiones se estaba beneficiando a algunas regiones sobre otras pero, siempre —esperemos que haya sido así— sobre la base de los intereses generales, a largo plazo.


»En la actualidad, cuando la política fiscal es casi la única sobre la que tiene competencias el Gobierno de la nación, es lógico que se preste atención al conjunto de impuestos que se pagan y a cómo se gastan los ingresos conseguidos. Aunque, desde un punto de vista económico, lo que se consideraba relevante —en la discusión pública— era si la política fiscal perseguía el equilibrio, el superávit o el déficit. Pero no en esta España de las autonomías o, mejor, de los políticos de las autonomías, empeñados en incrementar su poder a cualquier precio.


»En cualquier caso, las dudas sobre la efectividad de la política fiscal y sobre la justicia y efectividad de los impuestos progresivos se están resolviendo, en el conjunto de los países más avanzados, con reformas fiscales que reducen tipos y progresividad, por simplicidad y capacidad recaudatoria, de tal manera que el conjunto de los impuestos se paga en relación —y proporcionalmente— a las rentas medias percibidas y gastadas. Por su parte, el gasto público se adecua a la población en cada autonomía, en el caso de España, lo que, parcialmente, corrige la injusticia que significan los tipos únicos de los impuestos para la población menos favorecida, al reducirse, para los que se encuentran en peor situación, su renta disponible, el factor clave que determina el nivel de vida y las perspectivas futuras. Intentar salirse de estos parámetros, dando más importancia a dónde se recauda a la hora de programar el gasto público que a la población que de hecho vive en cada territorio, parece más injusto. Pero, incluso, si se hiciera, esa modificación en la política de asignación del gasto no tendría efectos fiscales significativos. Por el contrario, al tener en cuenta otros factores, como las obligaciones por pensiones y la asignación de la deuda estatal, se modificarían, sustancialmente, esas hipotéticas balanzas fiscales. Ir adelante por este camino significa destruir la convivencia, no ya nacional, sino la personal, familiar, local y autonómica.


»Nadie tiene argumentos suficientes y probados para decir que el actual sistema fiscal perjudica a unas autonomías y beneficia a otras, o que una autonomía transfiere fondos a las otras. Nuestro sistema fiscal y económico no está pensado en estos términos, sino en clave nacional. Y lo que importa, por otra parte, son las personas, no los territorios, del carácter que sean. Si alguna vez se llegaran a hacer balanzas fiscales serían engendros políticos que reflejarían el poder de unos partidos sobre otros, de unas personas sobre otras, no un instrumento para asegurar la igualdad de oportunidades a nivel nacional, que debería ser el objetivo de cualquier político honrado». («El engendro de las balanzas fiscales autonómicas». Libertad Digital, 21-01-2004).


(Alberto Recarte es licenciado en Derecho y en Económicas por la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad ocupa entre otros, los siguientes cargos: Presidente de Libertad Digital, Vicepresidente y Consejero-Delegado de la Empresa Centunión, Consejero de Cajamadrid, Consejero de la Corporación de Cajamadrid, Vicepresidente segundo de la Fundación Hispano-Cubana).


12. La farsa de la ‘internacionalización del conflicto’


La última arma del nacionalismo consiste en destinar ingentes recursos materiales y humanos a lo que ellos llaman «internacionalización del conflicto entre Cataluña y España», a reclamar la independencia ante organismos supranacionales. Estrategia que consideran de capital importancia y definitiva para la conquista de su objetivo.


Así, el 7 de marzo de 2009, unos tres mil manifestantes —según los organizadores— reclamaron la independencia de Cataluña en Bruselas, principal sede administrativa de la Unión Europea. Y el pasado 8 de mayo de 2010, han repetido la experiencia ante la sede de la ONU en Ginebra, bajo el paranoico lema: «El mundo debe saber qué pasa en Cataluña».


El ardid es claro: como España no escucha sus lamentos —argumentan—, se ven abocados a recurrir a otras instancias. Mas todo apunta a que se trata de la visión colectiva de otro espejismo creado artificialmente y no resulta muy probable que en el exterior encuentren su ansiado apoyo. En el seno de muchos países también se desarrollanfenómenos virulentos separatistas, y la secesión de Cataluña los alentaría, sentaría un peligroso precedente —tras el de las naciones surgidas de la ex Yugoslavia— capaz de precipitar a la geografía mundial en un impredecible efecto dominó: Rusia, por ejemplo, está siendo sangrientamente azotada por el terrorismo checheno, y Canadá tiene un problema en Quebec. En el Viejo Continente, Gran Bretaña sufre los nacionalismos norirlandés, escocés y galés; Francia, el corso, bretón, alsaciano, occitano, vasco y —también allí— catalán; Italia, el sardo, padano y siciliano; Bélgica, el flamenco y valón; Suiza, el jurasiano; y Portugal, pese a prohibir los partidos regionalistas o nacionalistas en el artículo 9º de su Constitución, tiene movimientos políticos que propugnan la independencia del Valle de Miranda.


Por otra parte, y mal acostumbrados a la permisividad y las contemplaciones de los sucesivos gobiernos de España, los nacionalistas de Cataluña han demostrado su proverbial estupidez atacando los intereses políticos y económicos de varias naciones, y granjeándose sus antipatías. El 22 de abril de 2010, el embajador de Estados Unidos criticó duramente al gobierno de la Generalidad por la ley para obligar a Hollywood a doblar el 50% de sus películas al catalán. Y avanzó que las productoras están sopesando la posibilidad de reducir su oferta cinematográfica en la región catalana por falta de rentabilidad.


Peor fue el caso alemán. En 2008, el ex diputado de Esquerra Republicana de Catalunya, Joan Puig, calificó de nazi a Air Berlin desde su blog personal, y hasta colgó en su blog un logotipo de la compañía con una esvástica. Era el colofón a un boicot desatado desde internet por centenares de radicales contra la aerolínea por no fomentar el uso del catalán en sus vuelos. La directiva anunció su gran malestar y la intención de emprender acciones judiciales contra el controvertido político separatista, conocido también por sus ataques verbales a Extremadura, el asalto a la piscina del chalé del periodista Pedro J. Ramírez, y el encadenamiento de protesta ante la sede de la COPE, en Madrid.


Tampoco parecen contar con el aprecio de otro peso pesado de la Unión Europea: Francia. Aparte de tener que asistir a la anexión, a la apropiación virtual, en mapas y libros que los catalanistas han hecho de parte de su territorio del sur (la célebre Catalunya Nord, que comprende las comarcas del Rosellón, Capcir, Conflent, Vallespir y la Alta Cerdaña), encaja también agravios en otros ámbitos. Su Ministerio de Justicia ha elevado en 2010 una queja al Consejo General del Poder Judicial de España por el envío de sentencias en catalán a tribunales galos. La carta recuerda que se trata de una prolongada vulneración del reglamento de usos lingüísticos de este país vecino, el cual sólo acepta comunicaciones judiciales —además de en su lengua nacional— en inglés, italiano, alemán y español.


13. El engaño del nuevo Estado dentro de la Unión Europea


Para ganar adeptos, promueven los separatistas la falacia de que si Cataluña se independizase, automáticamente pasaría a ser un nuevo país miembro de la Unión Europea. Nada más falso. Incluso, utilizan esa mentira como reclamo en el enunciado de las papeletas de los referéndums ilegales que vienen celebrando desde aquel primero en Arenys de Munt, el 13 de septiembre de 2009, al formular la consulta en los siguientes términos:


«¿Está usted de acuerdo con que Cataluña se convierta en un estado de derecho independiente, democrático y social integrado en la Unión Europea?».


Lo que no sólo no cuentan, sino que, además, ocultan, es que en el hipotético caso de que Cataluña se secesionase, quedaría fuera de la UE.


Cataluña, una vez independiente, debería ponerse en la larguísima cola de los países que aspiran formalmente a ingresar en la Unión Europea; y entre los que se cuentan, ahora en 2010, año de redacción de estas líneas: Croacia (en negociaciones desde 2003), Albania (desde 2003), República de Macedonia (2003), Serbia (2005), Turquía (2005), Montenegro (2006), Islandia (2009), y candidatos potenciales que están manteniendo contactos con la Unión para tal fin, como Bosnia-Herzegovina, Georgia y Kosovo.


Los criterios de adhesión fueron fijados por el Consejo de Copenhague de 1993 y el Consejo Europeo de Madrid de 1995, y establecen estrictos requisitos en materia de derechos humanos y respeto de las minorías, de estructuras administrativas, jurídicas, políticas y monetarias. Así como la exigencia de una economía viable, competitiva, y solvencia para respaldar las decisiones que adopte el Consejo Europeo.


Tampoco es cierto que, tal y como sostienen los separatistas, Cataluña podría acogerse a la Convención de Viena, de 1978, sobre la sucesión de Estados (procesos de descolonización) para conservar la responsabilidad de los acuerdos internacionales firmados por el Estado predecesor (España), y evitar así su salida de la Unión. La Convención de Vienasólo es aplicable a tratados internacionales sobre derecho, medio ambiente, diplomacia, comercio, etc. En 1986 se redactó un anexo que complementara el articulado de la anterior Convención y donde se regulasen las relaciones entre Estados y organizaciones internacionales, con el siguiente resultado:


1º Sólo es aplicable a tratados entre Estados, no entre Estados y organizaciones internacionales que no estén listadas en el texto.


2º No está vigente porque sólo lo han firmado 28 de los 35 Estados que, según su artículo 85, deben ratificarlo.


La realidad es que el Tratado de la Unión Europea establece en su artículo 49 que el ingreso de cada candidato, una vez sea sometido a estudio, cumpla todos los requistos y exista informe favorable de la Comisión, se aprueba por unanimidad de los Estados miembros. Si cualquiera de éstos (por ejemplo, lo que quedara de España) vetase la entrada de la recién surgida Cataluña independiente, quedaría fuera a perpetuidad.


14. La quimera de El Dorado


Quedar fuera de la Unión Europea comportaría graves consecuencias políticas y económicas para la nueva nación. Entre éstas:


1º Sería expulsada del euro.


2º Toda exportación catalana a los países de la Unión Europea, incluido España, debería pagar caros aranceles.


3º Dichas exportaciones estarían limitadas en su cantidad o tonelaje por cuotas fijadas anualmente desde Bruselas.


A esto hay que sumar la realidad de que Cataluña carece de recursos naturales importantes (petrólíferos, gasísticos, mineros, pesqueros, forestales). La riqueza que se crea en esta región proviene, principalmente, de la industria y del sector servicios (o terciario). Al quedar fuera del euro, Cataluña debería acuñar una moneda propia, pero continuaría teniendo que pagar las importaciones de materias primas para su producción industrial en euros o en dólares, con el consiguiente perjuicio económico.


Teniendo en cuenta estos factores, y el hecho de que actualmente la industria de Cataluña no es competitiva en el mundo, como lo prueban las dificultades que tiene para abrirse mercados en el extranjero y la constante deslocalización de multinacionales, que se marchan, la independencia sería catastrófica. Nada parecido al vergel que el secesionismo promete a los incautos. El Catedrático de Economía de la Universidad Complutense de Madrid, Mikel Buesa, ha glosado las nefastas consecuencias en este exhaustivo informe:


«Acaba de celebrarse un referéndum informal —por no calificarlo de ilegal— en 166 municipios acerca de la independencia de Cataluña, con una muy mediocre participación y un resultado evidentemente adulterado por la admisión al voto de los menores de edad y los inmigrantes extranjeros. Ello hace que ni siquiera la cuarta parte de la población censada en esos municipios —seleccionados por los organizadores de la consulta por ser los más nacionalistas de la región— se haya manifestado favorablemente a esa independencia. La valoración política que ello merece es que el nacionalismo ha fracasado en su intento de generar un problema institucional, pues no ha logrado el resultado abrumador que esperaba. No obstante, de ello no se infiere que las fuerzas independentistas no vayan a persistir en sus acciones propagandísticas destinadas a desestabilizar la democracia en España y, por esa vía, abrir la oportunidad de ejercer la secesión.


»En estas circunstancias, tal vez merezca la pena adentrarse en la economía de la secesión catalana para efectuar una estimación de los efectos que una eventual independencia de Cataluña con respecto a España podría producir para dicha región. La economía de la secesión ya la he estudiado para el caso del País Vasco, por lo que me ceñiré ahora a las pautas metodológicas que se establecieron en ese trabajo. Y, de entre todos los temas posibles, he escogido para este texto el de los efectos de la independencia sobre el comercio exterior catalán.


»Uno de los aspectos en los que los nacionalistas insisten cuando plantean sus proyectos secesionistas es el de la estabilidad institucional de las relaciones económicas, como si la cuestión de la independencia fuera sólo un asunto político carente de conexión con la economía. Ello se traduce en la idea de permanencia dentro de la Unión Europea, de manera que, en lo que atañe a las relaciones comerciales, no habría ningún cambio institucional con la secesión. Más en concreto, en el referéndum recién celebrado la pregunta planteada contiene esa premisa sin ningún eufemismo, tal como se desprende de su texto: “¿Quiere que la nación catalana se convierta en un Estado de derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea?”.


»Sin embargo, esa estabilidad institucional no es obvia debido a que:


◦ En primer lugar, la Unión Europea la forman Estados de manera que las regiones que forman parte de éstos se integran en el espacio europeo a través de ellos.


◦ Los tratados constitutivos de la Unión Europea no han previsto en ningún caso la posibilidad de la secesión de algún territorio, por lo que, de producirse ésta, la región que formara un nuevo Estado quedaría fuera de la Unión. El precedente establecido por Argelia —que formaba parte de Francia como un Departamento más cuando, en 1962, accedió a la independencia— lo señala con total nitidez; y así lo han declarado expresamente en el Parlamento Europeo tanto la Comisión como su Presidente.


◦ En consecuencia, la secesión de un territorio y la formación de un nuevo Estado implicaría para éste, si quisiera formar parte de la Unión Europea, la necesidad de proceder a la negociación de su adhesión. Tal negociación, en el caso más favorable —es decir, en el caso de que no hubiera ningún veto por parte de los Estados miembros de la Unión— requeriría un plazo no inferior a cinco años. Si además se planteara la entrada en la Unión Monetaria Europea —cuyos requisitos en cuanto a la estabilidad monetaria, el equilibrio de las cuentas públicas, la ausencia de devaluaciones y el mantenimiento de bajas tasas de inflación, establecidos en el Tratado de Maastricht, son muy estrictos— ese plazo podría fácilmente duplicarse.


»En resumen, al menos durante una década el Estado independiente de Cataluña se quedaría fuera de la Unión Europea. Y, en tal circunstancia, quedaría establecida una frontera económica, además de política, entre esa región y España, así como con respecto a los demás países de la Unión Europea. Y las fronteras económicas implican costes para las transacciones comerciales. Unos costes que afectan a la competitividad de las exportaciones y, por tanto, al nivel de éstas, lo que, a su vez se refleja en el Producto Interior Bruto (PIB).


»Veamos esos costes no sin antes aclarar algunas de las cifras fundamentales de la economía catalana y sus relaciones comerciales exteriores:


◦ El PIB de Cataluña en 2008, según el Instituto de Estadística de Cataluña (IDESCAT), fue de 216.923 millones de €.


◦ Cataluña exportó al resto de España 84.682 millones de € e importó 62.908 millones de € —cifras éstas que no proporciona el IDESCAT y que he estimado a partir de la Tabla input output de Cataluña correspondiente a 2001, proyectando las cifras hasta 2008 con la restricción de que el saldo correspondiente fuera el mismo que figura en la Contabilidad Regional publicada por dicho organismo—. El saldo es, por tanto, positivo e igual a 21.774 millones de €.


◦ Las exportaciones catalanas al resto del mundo fueron de 65.368 millones de € —de los que 35.911 correspondieron a los países de la Unión Europea— y las importaciones de 80.438 millones de € —correspondiendo 45.168 a la UE—, con lo que el saldo de estas operaciones fue negativo por un valor de -15.070 millones de €.


◦ Por consiguiente, el saldo comercial externo de la economía catalana —es decir, la suma de los saldos con el resto de España y con el resto del mundo— fue positivo por un valor de 6.704 millones de €.


»Pues bien, a partir de estas cifras se puede hacer un ejercicio de simulación acerca de lo que ocurriría en Cataluña si, como fruto de la independencia, aparece una frontera económica con España y la Unión Europea. Los supuestos de los que parte ese ejercicio son los siguientes:


◦ La frontera económica se traduce en la aplicación a las exportaciones catalanas a España y los demás países de la Unión de un arancel equivalente a la actual protección media de la economía española con respecto a las importaciones procedentes del territorio exterior a la UE. Esa protección fue, en 2008, del 1,07 %.


◦ Asimismo, la frontera implica la aparición de unos costes de transacción derivados de los trámites aduaneros, inspección de mercancías, tramitación de licencias, riesgo del tipo de cambio —dado que Cataluña estaría fuera del área del euro y su moneda dejaría de ser la divisa europea— y otros elementos habituales en las operaciones exteriores, equivalentes al 13 % ad valorem, cifra ésta que ha sido estimada por la OCDE para los países desarrollados.


◦ La elasticidad-precio —es decir, la relación entre la variación de las cantidades comerciadas y la variación en los precios de las mercancías y servicios— de las exportaciones e importaciones catalanas es la misma que el Banco de España ha estimado para las españolas. O sea, -1,3 en el caso de la exportación y -0,6 en el de la importación.


◦ El efecto frontera —concepto éste que alude a la intensidad de las relaciones comerciales de una región con todas las demás de España por comparación con cualquier otro país del mundo en condiciones de equivalencia de tamaño de las respectivas economías y distancia en kilómetros— se reduciría a la mitad, tal y como ocurrió en los casos de las viejas repúblicas soviéticas cuando se disolvió la URSS o en las repúblicas balcánicas cuando se deshizo Yugoslavia tras la muerte del mariscal Tito. Es decir, si actualmente Cataluña comercia con las demás regiones de España con una intensidad que es 22 veces mayor que con cualquier otro país del mundo a igualdad de tamaño y distancia, esa intensidad pasaría a ser de sólo 11 veces. Ello es equivalente a una reducción de la protección de esas relaciones internas a España con respecto a las exteriores desde el 53 % ad valorem hasta el 27 %. O lo que es lo mismo, la reducción del efecto frontera sería equivalente a la imposición de un arancel entre la Cataluña independiente y España del 26 % ad valorem.


◦ Finalmente, como es habitual se parte del supuesto de reciprocidad, de manera que el Gobierno de Cataluña respondería a la aparición de la frontera económica imponiendo a las importaciones procedentes de España y los países de la UE un arancel igual al vigente en estas naciones.


»Pues bien, con estos supuestos y haciendo las operaciones pertinentes cuyo detalle le ahorro al lector, se llega a los siguientes resultados en la simulación:


◦ Las exportaciones de Cataluña hacia España, como derivación de la reducción del efecto frontera, la protección arancelaria y los costes de transacción, experimentarán un aumento de precios del 40,07 %. Y, como consecuencia de tal aumento de precios su volumen acabará reduciéndose en 44.112 millones de €, trasladándose esta caída a la producción, de manera que el PIB se minorará en un 20,3 %.


◦ Las exportaciones catalanas hacia los demás países de la Unión Europea, en virtud del arancel y los costes de transacción, se encarecerán en un 14,07 %, con lo que también acabarán reduciéndose hasta una cifra de 6.568 millones de €. La traslación de este efecto negativo al PIB será equivalente al 3,1 % de su nivel actual.


◦ Por tanto, el PIB de Cataluña experimentará con la independencia una caída de 50.580 millones de € o, lo que es lo mismo, del 23,4 %. En términos por habitante, la Cataluña independiente registrará una reducción desde los 29.457 € per capita actuales a sólo 22.575 €. O sea, de ser una región más rica que la media española —que es de 24.020 € por habitante— pasará a ser una nación más pobre que esa media. O también se puede decir que los catalanes, salvo que una buena parte de ellos abandonen su nación, se empobrecerán hasta llegar a un nivel equivalente al que actualmente gozan los ciudadanos de Ceuta.


◦ Si aplicamos los supuestos antes señalados a las importaciones de Cataluña se llega al resultado de una reducción de las procedentes de España de 15.124 millones de €; y de las originarias de los otros países de la UE, de 3.183 millones de €. O sea, esas importaciones se verán disminuidas en una cifra equivalente al 8,8 % del PIB actual de la región.


◦ Y trasladadas todas esta cifras al cálculo de los saldos exteriores, se llega a este resultado: por una parte, el saldo con España pasará a ser deficitario por un valor de -7.124 millones de € —recuérdese que actualmente hay un superávit tres veces superior a esa cifra—; y, por otra, el saldo negativo con el resto del mundo aumentará su tamaño hasta alcanzar una cifra de -18.455 millones de €. En conjunto, el déficit exterior de la Cataluña independiente alcanzará los -25.669 millones de €, una cifra ésta que será equivalente al 15,4 % del PIB de la nación catalana.


»En otras palabras, la Cataluña independiente será la nación más deficitaria del mundo. Claro que, para llegar a ese déficit tendrá que encontrar a algún país que se lo financie, lo que, dado lo abultado de la cifra, seguramente será imposible. Y entonces, una crisis aún más profunda que la que las cifras anteriores describen se cernirá sobre la economía catalana empobreciendo aún más a sus habitantes. Serán éstos los que, en esa situación, descubrirán que el negocio que les propusieron los nacionalistas con su referéndum no era el de la felicidad sin límite, sino el de una espiral de pobreza, y que, por tanto, no merecía la pena.



»Este es el mensaje que, desde la economía de la secesión, puede transmitirse a los ciudadanos de Cataluña. Sin embargo, soy consciente de que un mensaje así nadie quiere recibirlo y que, como señaló Gabriel García Márquez en un pasaje de sus memorias alusivo al declive de Aracataca, «o nadie lo creía o nadie se atrevió a pensar en sus estragos». Fue el mismo García Márquez el que describió esos estragos señalando que la decadencia se llevó todo: «El dinero, las brisas de diciembre, el cuchillo del pan, el tiempo de las tres de la tarde, el aroma de los jazmines, el amor. Sólo quedaron los almendros polvorientos, las calles reverberantes, las casas de madera y techos de cinc oxidado con sus gentes taciturnas, devastadas por los recuerdos». («La independencia de Cataluña». Blog de Mikel Buesa, 16-12-2009).


Para quienes ha quedado claro que la independencia sí resulta un negocio redondo es para los caciques políticos que la están promoviendo. Para ellos, desde luego