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Soy sincero, y por ello me gusta que lo sean conmigo, hay cosas que no se pueden fingir,cuando se esta solo, como son el dolor; y los sentimientos..

domingo, 8 de noviembre de 2015

Bandoleros a la fuerza..

"No hay que juzgar un libro, por su cubierta, como tampoco hay que juzgar a una persona por su pasado; el presente es lo que cuenta".(Antonio . Pedrosa).

Circula por ahí una historia sobre Sócrates, el antiguo sabio griego. Al margen de que esta historia sea cierta o no, puede hacerte reflexionar sobre las cosas que dices cada día.

A menudo contribuimos a expandir rumores; y bulos sin apenas darnos cuenta. Hablamos mucho más de otros que de nosotros mismos, cuando debería ser al revés. ¿De qué voy a hablar con un mínimo de autoridad, si no es de mí mismo, de cómo me siento: y de cómo observo las cosas desde mi propia perspectiva?. Hablar de mí mismo; y del mundo que me rodea desde mi propio criterio es para mí la única manera de hablar; y relacionarse con los demás de una manera coherente. Repetir como loros palabras que hemos oído sobre otras personas es eso, repetir como loros.


Cuentan que un día un conocido se encontró con el filósofo y le dijo:—Sócrates, ¿sabes lo que acabo de oír acerca de un amigo tuyo?—Espera un momento (replicó Sócrates). Antes de continuar, me gustaría que pasaras un pequeño test, a lo que vas a decir. Lo llamo el triple filtro.—¿El triple filtro?

—Eso es. Antes de que digas nada sobre mi amigo puede ser una buena idea tomar un momento; y filtrar lo que me vas a decir. El primer filtro es el de la verdad. ¿Estás completamente seguro de que lo que me vas a decir es verdad?..

—No (respondió el otro). Solamente acabo de escucharlo…

—Está bien (dijo Sócrates). Entonces no sabes si es cierto o no. Ahora el segundo filtro, el de la bondad. ¿Es acaso bueno lo que vas a decir sobre mi amigo?.

—No, más bien todo lo contrario.—Así que lo que me vas a decir es malo; y realmente no sabes si es cierto. Bien, todavía queda el filtro de la utilidad. Lo que me vas a contar sobre mi amigo, ¿es útil para mí?.—No, probablemente no.

—Bien (continuó Sócrates). Desconoces la veracidad de lo que me quieres decir. Además es malo e inútil. ¿Entonces para qué quieres contármelo?. Reflexionemos un momento antes de hablar sobre otros.