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Soy sincero, y por ello me gusta que lo sean conmigo, hay cosas que no se pueden fingir,cuando se esta solo, como son el dolor; y los sentimientos..

jueves, 26 de mayo de 2016

Defensores de los canallas...

En todos los países,  hay gente que se cree que es es Dios. En las dictaduras, tienen nombre propio, pero en las democracias son los jueces, cuyo poder proviene del reconocimiento de independencia, que le otorgan las leyes. Como principio no tengo nada que objetar, pero sostengo que siempre fue muy peligroso; que las decisiones que afectan a la vida; y a la libertad de los ciudadanos,  estén en manos de una sola persona, porque nadie está libre de que se le vaya la pinza; y empiece a tomar decisiones injustas, o que se vuelva loco, o tonto de remate; y empiece a dictar sentencias palmariamente irracionales. lo he leído en la prensa internacional:

que  en Oregón, (Estados Unidos), un juez ha dejado en libertad; y sin ninguna sanción ni apercibimiento, a una niñera que agredió a un bebé de tan solo un año, dejándole marcas; y moratones en la cabeza; y en los ojos, con el argumento de que la persona agredida debe reconocer a su agresor; y declarar que él ha sido el autor de esas heridas; y como el niño no sabe hablar para denunciar a la niñera caso sobreseído.

La protección de la infancia, debe ser prioritaria; y con los casos que se dan en algunos países de agresiones o de abusos contra niños pequeños, no acabo de entender por qué los padres para irse a cenar con unos amigos, dejan a sus hijos al cuidado de cualquiera; y a cuento de qué algún magistrado considera insuficiente las pruebas de la agresión sufrida por el menor.


A todas luces, ese juez no tiene luces;  y como este caso ha sucedido a miles de kilómetros de donde nosotros vivimos, puede parecernos una anécdota desagradable, pero eso no es motivo para que no reflexionemos en voz alta, sobre las ventajas que les conceden algunas leyes a quienes delinquen; y la desprotección que a veces sufren sus víctimas, porque hay casos en los que no bastan las señales de la violencia sufrida, como prueba en contra del agresor.



No sé cómo será el juicio final, pero estoy persuadido de que los jueces sí se lo han imaginado; y cuando se ponen la toga; y se sientan en la sala del Tribunal, perciben el aroma de su  poder infinito, que deben saber administrar con mucho sentido común.